No te empeñes en cambiar lo que no está bajo tu control

Hay eventos sobre los cuales poco o nada podemos hacer, pero por alguna razón nos empeñamos en controlarlos o, peor aún, permitimos que ellos rijan nuestra manera de pensar y actuar. ¿Cuándo vamos a entender que no podemos controlar las condiciones climáticas, los desastres naturales, los imprevistos o la manera de actuar de los demás?

En lugar de aceptar estos eventos con serenidad y paciencia, permitimos que un poco de lluvia nos eche a perder todo el día; nos alteramos por una congestión de tráfico, y en lugar de esperar calmadamente a que este avance, muchas veces actuamos irresponsablemente, poniendo en peligro nuestra vida y la de otras personas. Vivimos prisioneros del “que dirán”, permitiendo que las opiniones o críticas de otros –algo sobre lo cual no tenemos voz ni voto— nos digan qué hacer y cómo comportarnos, afecten nuestro estado de ánimo, o influyan negativamente en nuestra productividad.

En lugar de ignorar esas cosas y seguir adelante, permitimos que ellas manejen nuestra vida y nos paralicen. ¿Cuáles son las consecuencias? Frustración, estrés, tensión, rabia e inseguridad.

Curiosamente, hay otros factores que sí están bajo nuestra potestad pero por alguna razón hemos aprendido a creer que no lo están. Y lo que he descubierto es que sólo cuando la necesidad es suficientemente grande, nos damos cuenta que sí podemos controlarlos.  Así que date a la tarea de controlar todo aquello que puedes (tus actitudes, decisiones y conductas) y no pierdas el tiempo tratando de controlar lo que esta fuera de tu control.

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