Las vacas filosofales

Hay cierto de excusas que yo las llamo “vacas filosofales” porque son un extraordinario ejemplo del esfuerzo tan grande que los seres humanos realizamos para asegurarnos que nuestras excusas no suenen demasiado a… excusas. Mira a qué me refiero:

  • Lo importante no es ganar sino competir —¡Qué vaca!
  • Si Dios quiere que triunfe, Él me mostrará el camino. Hay que esperar con paciencia.
  • ¿Qué le vamos a hacer? Unos nacieron con buena estrella y otros nacimos estrellados.
  • El problema en esta empresa es que no es lo mucho que uno sepa sino a quien conozca. Y yo sé mucho pero no conozco a nadie.
  • El rico siempre es más rico y el pobre siempre es más pobre.

Conozco a alguien que constantemente usa la famosa vaca: No es lo que uno sepa sino a quién conozca. Él utiliza con frecuencia esta excusa para justificar por qué no ha ascendido rápidamente en su trabajo. Y esta idea no le deja ver que quizás la verdadera razón es que no se ha preocupado por mantener sus conocimientos profesionales al día, o que nunca toma la iniciativa para realizar actividades que estén fuera de la descripción de su puesto de trabajo, o que siempre es el primero en salir de la oficina todas las tardes. Para él, su estancamiento profesional es el resultado de no conocer a las personas apropiadas en su empresa y de no tener ningún “padrino” que le ayude a ascender.

Debemos dejar de justificar nuestra mediocridad con ideas que no solo buscan disfrazar nuestra falta de acción sino que nos sitúan en el papel de víctimas de un universo injusto que se ha ensañado contra nosotros.

Comparte este artículo