En los negocios la única manera de perder es renunciar y darte por vencido

En los negocios las caídas son inevitables, son parte del proceso de aprendizaje y crecimiento. Jamás son, como algunos las interpretan, señales de que debes renunciar, ni de que lo que estás haciendo es una locura. De hecho, los fracasos, por aparatosos que sean, tienen una razón de ser. Están ahí para enseñarte algo; como resultado de ellos aprendes, cambias y creces.

De hecho, los emprendedores meas exitosos son mucha veces los que más rechazos han recibido, los que más caídas han experimentado, y los que más veces han escuchado la palabra “No”. Sin embargo, para ellos, sus fracasos han sido sus grandes maestros.

La regla es simple:

Fracasar es temporal… ¡Renunciar es definitivo!

Cuando renuncias lo haces porque decidiste prestarle más atención a tus fracasos y a tus dudas que a tus metas y a tus sueños. Es así de simple. Por eso, para mí, renunciar jamás es una opción.

 Cuando escribí Cómo comunicarnos en público con poder, entusiasmo y efectividad empecé el libro con una anécdota del gran estadista Winston Churchill y uno de sus discursos más famosos. Se dice que en aquella ocasión fue invitado a dirigirse a los alumnos de Harrow, la escuela de su infancia. Luego de ser presentado ante cientos de estudiantes que esperaban con ansias uno más de sus inspiradores mensajes, el Primer Ministro se levantó y mirando a aquellos que serían los futuros líderes de Inglaterra, pronunció uno de los discursos más breves y significativos de su carrera:

“Nunca, nunca se den por vencidos.
Nunca se den por vencidos en nada que sea grande
o pequeño, sublime o trivial. Nunca se den por vencidos.
¡Nunca, nunca, nunca!”

Como quiera que lo llames —pasión, carácter, motivación, perseverancia, tenacidad—, enfocarse en una tarea y no parar hasta haberla logrado es un componente importante para el éxito de cualquier negocio.

No obstante, con frecuencia en el negocio de redes de mercadeo, al principio, cualquier revés nos hace renunciar. Y como si fuera poco, muchas cosas nos parecen demasiado difíciles o imposibles de lograr. No creemos contar con las habilidades para llevar a cabo las tareas que hacen que el negocio funcione. Y la verdad es que cuando algo te parece imposible, a menudo lo haces a medias o ni siquiera lo intentas. Dejas que el temor y la inseguridad se apoderen de ti. En cierto sentido tiras la toalla antes de haber comenzado. Entonces, cuando las cosas no funcionan, dices: “Ves, te dije que no lo lograría. ¡Yo sabía que era imposible! ¡Sabía que esto no era para mí!” Esa es la famosa profecía autorrealizada.

He aquí tres maneras de evitar llegar a esa situación donde parece que la única opción es renunciar:

1

Ante una nueva tarea en tu negocio, antes de decir “imposible”, o antes de renunciar, tómate un momento para pensarlo y te formúlate algunas preguntas importantes como por ejemplo: ¿Cómo puedo ser más eficiente en la realización de esta tarea? ¿Cuáles de mis talentos y habilidades me ayudarán a desempeñar mejor esta labor? ¿Cómo hago para lograr que esto sea mejor la próxima vez? ¿Cómo voy a obtener los resultados que busco?” No trabajes sin evaluar y reevaluar con cierta periodicidad lo que estás haciendo.

2

Yo sé que es fácil decir, “nunca te des por vencido. ¡Nunca, nunca, nunca! Pero, ¿cómo llevas este gran llamado a la práctica? Lo primero que debes hacer es tomar la decisión de que los fracasos y las caídas no dictaminarán si renuncias o continúas con tu proyecto. Recuerda que un fracaso es solo una lección. Si aprendes de él, has ganado, pero, si a causa de él renuncias, no solo te habrás privado de aprender algo nuevo, sino que habrás desaprovechado la oportunidad de conocerte un poco mejor. No olvides el dicho japonés que dice: “No importa que te caigas siete veces mientras que te levantes ocho”.

3

El temor a fracasar jamás debe dictaminar tus decisiones. Puesto que muchas de las actividades del negocio son nuevas, es posible que en un comienzo muchas de ellas te produzcan miedo y ansiedad. A lo mejor creas que no cuentas con el talento ni las habilidades para llevarlas a cabo. No obstante, ten presente que pese a que el talento es importante, es la práctica la que maximizará la capacidad que tengas, ya que el talento sin disciplina es poco útil. Y esa práctica incluye una que otra caída.

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